Kaufman, A. (2010) en su libro: "Leer y escribir: el dia a día en las aulas" señala que para "enseñar bien, es indispensable tener claro qué es lo que vamos a enseñar", es decir, cuál es el objeto de estudio. Las investigaciones didácticas actuales han revisado y planteado debates acerca de los contenidos de enseñanza de los diferentes ámbitos disciplinares que coexisten en la escuela. Dentro de este universo, el contenido de la asignatura de Lengua se ha ido modificando fuertemente en las últimas décadas.
Lerner, D. (2001) citada por Kaufman (2010) dice: "Puede afirmarse que el gran propósito de la enseñanza de la lectura y la escritura en el curso de la educación obligatoria es el de incorporar a los chicos a la comunidad de lectores y escritores: es el de formar alumnos como ciudadanos de la cultura escrita..."
Durante muchos años se consideró, enfatiza la autora, que el contenido que se ha de enseñar para que un niño se iniciara en la lectura y la escritura eran las "primeras letras". La idea subyacente consistía en que el texto es una suma de palabras, que a su vez constituía una suma de letras; de modo que bastaba con enseñar las letras y cómo "juntarlas" para ir formando palabras, luego oraciones y después textos. En los grados más avanzados, los contenidos de las horas de lengua, estaban constituidos, básicamente, por cuestiones gramaticales y ortográficas. En este sentido, la idea era que, conociendo gramática y ortografía, el niño iba a estar capacitado para leer y escribir.
Al transcurrir el tiempo, los aportes de la lingüística y la pragmática, introdujeron otros saberes como necesarios, entre ellos: algunas características de los distintos tipos de textos y ciertas nociones textuales, tales como la coherencia y la cohesión en la escritura. Entonces se decidió disminuir las horas dedicadas a la enseñanza de la gramática y a la ortografía, para dedicarlas a dar a conocer las características formales de los distintos tipos de textos y los diferentes mecanismos de coherencia y cohesión.
Desde hace más de una década, señala la investigadora, la situación perdió coherencia y todo se convirtió en una mezcla de teorías:
En lo que respecta al contenido de Lengua, coexisten
en los programas
temas que provienen de diferentes
teorías lingüísticas.
Sujetos, modificadores directos,
tipos de textos, comunicación, adjetivos, cohesión y
coherencia textual, verbos y pronombres
bailan una
anarquizante danza delante de los ojos azorados del
docente. El resultado consiste en una transmisión
inconexa de
estos conceptos a cargo de maestros que
tienen que aparentar
tranquilidad frente a los ojos
azorados de sus alumnos.
Ana María Kaufman y María Elena Rodríguez, 1993:13
La acertada reflexión didáctica de Lerner mencionada anteriormente,
que concibe las prácticas sociales de lectura y escritura
como el centro del objeto de enseñanza, constituye un aporte inestimable
para abandonar este escenario. El aprendizaje de estas prácticas
se da a lo largo de un prolongado proceso de construcción de
saberes y estrategias por parte de los alumnos.
Por ejemplo, leer implica construir la significación de un texto y,
en ese proceso, se coordinan datos del texto (tanto correspondientes
al sistema de escritura como al lenguaje escrito) con datos del contexto.
El papel del lector es muy activo, ya que es quien pone en
juego toda su competencia lingüística y cognitiva a fin de participar en este proceso de transacción con el texto. Ese rol activo se expresa
a través del despliegue de una serie de estrategias básicas: el lector
interpreta, anticipa; cuando algo no tiene sentido o resulta contradictorio,
vuelve atrás a fin de verificar si leyó malo si el texto tenía algún
error; infiere lo que no está escrito explícitamente ...
Si partimos de esta concepción de lectura, nuestro accionar en el
aula tenderá a proponer situaciones en las que los niños desplieguen
este tipo de estrategias para ir apropiándose de las características
del sistema de escritura y del 'lenguaje escrito a través de
prácticas de lectura de diferentes textos de circulación social. Si, por
el contrario, concebimos la lectura como la capacidad de reconocer
las letras, identificar los fonemas correspondientes y establecer
la relación entre ambos para acceder al significado, propondremos
actividades que apunten a garantizar esos conocimientos y asociaciones.
Ahora bien, para poder participar con solvencia en las prácticas
sociales de lectura y escritura de diferentes tipos de textos, los alumnos
deben apropiarse del sistema de escritura y del lenguaje escrito.
Numerosas investigaciones psicogenéticas han puesto de manifiesto
que los niños se aproximan simultáneamente a estos dos aspectos de
los textos cuando realizan prácticas de lectura: el sistema de escritura
y el lenguaje escrito (Ferreiro y Teberosky, 1979; Ferreiro, 1991 a y
2001; Teberosky, 1991; Tolchinsky, 1993).
Entendemos por sistema de escritura a la escritura como sistema de notación gráfica, cuya comprensión consiste en conocer sus elementos
(letras, signos, etcétera) y las reglas por las que se rigen las
relaciones entre ellos. El lenguaje escrito, que Claire Blanche Benveniste
(1982) denominó lenguaje que se escribe, alude a la particularidad
de un lenguaje más formal que el lenguaje oral e incluye
las diferentes variedades discursivas que forman parte de ese lenguaje: noticias,
poemas, recetas, cuentos, textos científicos, etcétera.
En función de las investigaciones pioneras de Ferreiro y Teberosky,
hace ya casi tres décadas que comenzaron a legalizarse las escrituras
no convencionales de los niños: los grafismos primitivos, las escrituras
sin control de cantidad, las unigráficas, las que exigen diferenciación para representar distintas palabras, las escrituras silábicas, silábico-alfabéticas
y alfabéticas, que todavía no respetan las convenciones
ortográficas. Estas producciones son consideradas verdaderas "escrituras"
que enfrentan al niño con situaciones potenciales de conflicto
cognitivo necesarias para el crecimiento intelectual en lo que se refiere
al aprendizaje del sistema de escritura. Comenzaron a ser aceptados,
asimismo, los textos infantiles que dan cuenta del proceso por el
cual los pequeños van apropiándose de las características de los
diversos géneros del lenguaje escrito. Actualmente, conocemos también
"lecturas" que preceden a la lectura convencional.
Volviendo al tema del objeto de enseñanza de la asignatura Lengua,
¿qué enseñamos?, ¿qué esperamos que aprendan nuestros
alumnos a través de nuestra propuesta didáctica? Nuestro objetivo es
que los alumnos se apropien adecuadamente de las prácticas sociales
de lectura y escritura, de las características de nuestro sistema
de escritura,de las diferentes variantes del lenguaje escrito y accedan,
asimismo, a cierto nivel de reflexión y sistematización sobre
la lengua.
PRÁTICAS SOCIALES DE LECTURA y ESCRITURA
Esperamos que nuestros alumnos participen en prácticas de lectura
y escritura de diferentes tipos de texto de circulación social, con propósitos
determinados, con destinatarios reales, tal como se lee y se
escribe fuera del ámbito escolar. Esto significa que leeremos y escribiremos
con ellos desde el comienzo de su escolaridad libros de cuentos,
revistas, periódicos, textos de información científica, etcétera. El
mejor camino para llegar a ser un buen lector de la prensa se construye
a través de múltiples lecturas críticas de la misma. Para disfrutar del
talento de los buenos escritores, es importante tener la posibilidad de
realizar prolongadas y sucesivas incursiones en el mundo literario.
Kaufman y Rodríguez, expresan que el aprendizaje del sistema de escritura
y del lenguaje escrito tienen lugar, simultáneamente, desde el
comienzo de la alfabetización. Asimismo, sostienen que los niños
aprenden a leer y a escribir textos leyendo y escribiendo textos. Por
esta razón, nuestra propuesta didáctica incluye, desde las salas del
nivel inicial y las aulas de primer grado, la posibilidad de leer y producir
la enorme variedad discursiva que ofrecen los textos de circulaciónlación social. Los alumnos deben estar en contacto con recetas para
hacer tortas, con periódicos para informarse sobre algún suceso de
que sea de su interés, con cuentos para entretenerse con
las historias y disfrutar del lenguaje literario, con instructivos para
realizar experimentos científicos, etc., desde que entran en la escuela,
y los irán escribiendo y leyendo de diferentes maneras hasta que
puedan hacerlo de manera convencional.
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