La Lectura
Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con los ojos a los muertos.
Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o secundan mis asuntos,
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.
Quevedo
Qué mejor tema para hoy día en el que es necesario motivar a los niños y jóvenes a
leer, a acercarlos al mundo literario, y también, claro está, a recordar a
algunos adultos el valor de los libros; ese tema, vital para el estudiante, insoslayable para todo ser humano, instrumento insustituible para el docente, necesidad para el amante de los libros, en otras palabras acercarlos a ese importante proceso llamado lectura.
"¿Por qué la gente ya no lee? ¿Por qué si tenemos todo a favor para
conseguir un libro no leemos?" Creo que estamos de acuerdo en que a pocos se le ocurriría pensar —al menos de este momento de la historia, me refiero—
que con un click de ratón
podemos conseguir el más inusitado libro. Es conveniente, que
sepan los que hoy son internautas y no bibliófilos que en internet se puede
encontrar todo, incluso el libro menos pensado. Sin embargo, parece que nuestra
generación prefiere pulsar una tecla y descansar sus ojos viendo un video en
Youtube antes que hacer un pequeño esfuerzo de concentración e introducirse en
la narración de una novela.
Estudiando durante años sobre esta problemática me he dado cuenta de una
cosa: hace mucho tiempo que los eslóganes que intentan acercar al público a
nuevos libros (eslóganes que rezan de la siguiente manera: «La lectura te da
vida», «la lectura te aporta conocimiento, te convierte en un hombre crítico»),
perdieron hace tiempo su capacidad de interpelación. Y es que cuando se repite
con insistencia una frase, la intención que esta lleva pierde poco a poco sus
propiedades. Si el mensaje de alguna manera influyó en el pasado, el tiempo y la reiteración
han provocado que en la actualidad lo hayamos olvidado; y las mismas palabras
que dictan estas frases, se vaciaron poco a poco de su significado, tal como sucede con esas conchas vacías que encontramos en la orilla de la playa: huecas y sin
vida. Leer es importante, pero ya nadie reflexiona sobre ello, y en
consecuencia, es una actividad abandonada por muchos y acicate constante para otros.
Más grave aún cuando observamos este problema en nuestras aulas de clases, el docente no lee. El gran avance informático y el gran impulso que han tomado
las redes sociales no se aprovecha, la banalidad de los mensajes así lo evidencian, sin embargo, estos medios han permitido que cualquier persona pueda escribir y subir
sus pensamientos a la red. Pero nunca habrá crecimiento personal, formación, si no
intentamos realizar estas dos actividades simultáneamente. Escribir sin apenas
leer es dar vueltas sobre nosotros mismos, mientras que si acompañamos nuestros
textos con abundante lectura rodearemos horizontes nunca antes descubiertos. La
lectura y la escritura son dos actividades que van de la mano.
Por este motivo, el principal propósito de estas páginas, sin la pesadez de repetir un trillado mensaje que ya todos
conocemos, es demostrar que "Leer es importante y escribir, también". Pero vamos a conducir el
discurso con una intención diferente. Agreguemos un punto de vista novedoso que
argumente la importancia de estas dos actividades bajo una luz diferente.
Uno de esos puntos de vista lo encontramos en palabras de Larrosa (2003) la lectura como formación, para este, implica pensarla como una actividad que tiene que ver con la subjetividad del lector: no solo con lo que el lector sabe, sino con lo que es. Se trata de pensar la lectura como algo que nos forma (o nos de-forma o nos transforma). Señala que la lectura, por tanto, no es solo un pasatiempo, un mecanismo de evasión del mundo real y del yo real. Y no se reduce tampoco a un medio para adquirir conocimiento. En ambos casos, entender el mundo real o saber algo que antes no sabíamos, aleja a la concepción de la lectura, puesto que concebir la lectura como formación sería intentar pensar "esa misteriosa actividad" como algo que tiene que ver con aquello que nos hace ser lo que somos. Para ello, es necesario que haya una relación íntima entre el texto y la subjetividad, implica pensarla como un tipo particular de relación; concretamente, como una relación de producción de sentido.
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